Michael Kors corte ingles

mayo 13, 2017

Por qué lo hacen? «Las mujeres llevan zapatos de tacón alto para parecer femeninas y sexis. Este calzado crea la ilusión de alargar y estilizar las piernas y obliga a caminar sobre la parte delantera de los pies, empujando el busto hacia delante. Muchas mujeres creen además que los tacones altos denotan fuerza, porque todo el mundo es consciente de que hacen daño y además definen los músculos de la pantorrilla, enfatizando una apariencia de buena forma y fortaleza. La ironía es que los zapatos de tacón muy alto deforman el pie y hacen que las mujeres renqueen de dolor: en eso no hay nada sexi ni fuerte», explica a este periódico desde Nueva York la escritora feminista Leora Tanenbaum, autora del libro ‘Bad Shoes & The Women Who Love Them’ (es decir, ‘Los zapatos malos y las mujeres a las que les encantan’). Parece existir un acuerdo universal en que los taconazos obran maravillas con el atractivo sexual. El propio Christian Louboutin declaró a ‘The New Yorker’ que su trabajo «no consiste en complacer a las mujeres, sino a los hombres», que según su experiencia reaccionan «igual que toros» en cuanto perciben las emblemáticas suelas rojas de su marca. «Muchas chicas y mujeres heterosexuales confunden la atención masculina con el auténtico poder», lamenta Tanenbaum, que no obstante puntualiza: «No hay nada malo en llevar tacones… juiciosamente».

La más empeñada en esa pelea, como en tantas otras, es Emma Thompson –inolvidable en los Globos de Oro de hace un par de años, con sus Louboutin en una mano y un ‘dry martini’ en la otra, señalando las suelas y soltando «esto rojo es mi sangre»–, pero no cuesta reunir una copiosa colección de citas que abominan de «los zapatos de Satán». Así de afectuosamente los definió Jennifer Lawrence, la actriz que más veces se ha estampado contra el suelo en momentos cruciales de su carrera.

En los últimos años, han proliferado las protestas de aquellos gremios que se ven obligados a encaramarse a ellos de manera cotidiana. Es el caso de las modelos que aparecieron descalzas en la ronda final de un desfile de la Fashion Week de Nueva York, hartas ya de despeñarse desde lo alto de los desmesurados diseños de Manolo Blahnik. O el de las azafatas de la compañía israelí El Al, que consiguieron echar atrás un nuevo reglamento donde se les imponía un mínimo de tacón. Y es el caso, sobre todo, de las actrices, que a menudo contemplan el atuendo de las ceremonias como un sádico añadido a sus obligaciones contractuales.

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