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octubre 7, 2017

El guía no reacciona: después de todo, la ciudad sobrevive gracias a los vuelos de Avianca que les llevan los turistas. La serpiente se lanza contra las varillas de la jaula hasta que le sangra la cabeza. Aunque el grupo sólo puede ver de espalda al magnate, por el movimiento de sus hombros, supone que se estaba riendo. Santo Domingo sigue escupiendo a la culebra hasta que ésta muere y, entonces, con una sonrisa, invita a todos a tomar unas caipirinhas en el bar de un hotel.En lo que respecta a su vida sentimental, la historia de Santo Domingo ha estado marcada por dos matrimonios. El primero, con Edyala Braga, una sofisticada brasileña, ex cuñada del dictador de Brasil Getúlio Vargas, no resistió el ritmo de infidelidades. Años después de llevar una agitada vida de divorciado, el magnate se casó con Beatrice Dávila, una dama de la alta sociedad con raíces caribeñas que lo esperó la mitad de su juventud escribiéndole cartas de amor en francés.

Con Edyala tuvo un hijo, Julio Mario; con Beatrice, a Alejandro y Andrés. Beatrice (quien se ha sentado a menudo junto a la infanta Elena en las galas del Spanish Institute en Nueva York) posee un parte importante del imperio familiar. Pero las riendas están en manos de su hijo Alejandro quien, nacido en 1977 y educado en Harvard, ya ha demostrado ser un digno heredero, además del soltero más codiciado de América Latina.La nueva generación Santo Domingo está compuesta, entonces, por Tatiana (“sencilla pero bellísima”, me dicen mis amigos venezolanos en Crans Montana); su hermano Julio III, disc-jockey; y sus tíos, Andrés, el creativo, dueño de un sello discográfico indie, y Alejandro, el empresario. Según el New York Post, son los actuales reyes de la Gran Manzana.

El sueño de toda madre de la alta sociedad colombiana —me confiesa una de ellas, de impecable lino blanco de Armani en su paso por el verano de Manhattan acompañando a su poderoso marido empresario— es traer a su hija a Nueva York, que casualmente se cruce con Alejandro en algún deli y nazca el amor”.De todos los herederos del clan, Alejandro Santo Domingo es quien más se ha alejado de la vida bohemia y quien se empeña en proteger el legado familiar. No sólo promueve la inversión internacional en Colombia, sino que hace millonarias donaciones a teatros, centros culturales, bibliotecas y universidades. “Lo recuerdo un par de años atrás, en el closing de un deal importantísimo para su familia; quien controlaba todo era su primo y él era el chiquillo que sacaba fotos excitado; se notaba que le gustaba el asunto, pero pocos podíamos haber apostado que después manejaría tan bien el holding”, dice uno de los asesores financieros que estaba allí presente.

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